El Fin del Mundo.
March 19th, 2007
Hace cientos de años llegar allí implicaba andar y esperar, para quemar los zapatos y poder mirar aquel punto en el horizonte a partir del cual empezaba la nada. El vacío. La inexorable caída definitiva.
Llegar hoy en día es más sencillo. Basta con un coche y saber por dónde se va. Las coordenadas, si quieren, se las digo yo. Apunten: 42º55´28″N y 9º17´29″O.
Las vistas impresionan, pero lo que asusta de verdad es ver a decenas de personas allí, sentadas, mirando al lugar donde las aguas caen al vacío. Mirando al lugar habitado por horribles monstruos que descuartizan a los arrogantes marineros que se separan de la costa sin juicio alguno.
Porque la gente llega a Fisterra y se sienta, silenciosa, sin decir nada. Y mira, callada. Nadie grita. Todos se sientan y miran a lo lejos. Con un extraño respeto ancestral.
La explicación es bien sencilla. Hay que llegar al Fin del Mundo para darse cuenta de lo insignificante de nuestra existencia. Allí vemos lo que somos. Allí, seguimos recibiendo una lección de humildad que no ha cambiado en los últimos milenios.
Yo ya he estado dos veces en el Fin del Mundo. ¿Y ustedes?
