La cicuta…
November 24th, 2006
Obligar a beber o introducirla con sigilo y más mala leche que cariño. Dos alternativas que persiguen el mismo fin: dejar listo de papeles al destinatario.
Han podido Vds. contemplar en todas las cadenas a un pobre hombre, ruso para más señas, sin pelo y con una disfunción orgánica generalizada. Diatesis, creo que la llaman.
Debe ser tremendamente horroroso morir envenenado, porque la siguiente noticia hablaba de 240 iraquíes asesinados, y debo confesar que en mi cabeza persiste la imagen de ese emaciado ex miembro del KGB agonizando en la UCI de un hospital británico en lugar de los 240 cadáveres musulmanes desparramados por las calles de Bagdag.
La cicuta es más silenciosa que los M-16 y que los AK-47, pero los medios de comunicación, a veces, no.
Puestos a elegir, si les soy sincero, lo mismo me da que den plomo que alcaloide. Todos los caminos conducen a Roma.
Es cierto que en Europa del Este (eufemismo de CCCP) gustan de liquidar a la antigua usanza a ilustres personajes. Porque a los no ilustres les dan caña como en occidente. A pepinazos. Ahí están Afganistán y Chechenia (donde la KGB trabajó a cuerpo de rey), por poner un ejemplo. Espero que el interfecto no tuviera nada que ver con el tema, porque San Pedro es muy suyo con eso de dejar pasar o dejar fuera. Más que un portero rapado de la Pachá, que ya es decir.
14.400 Kg de iraquíes (a estas alturas de la brutal guerra civil, están bastante delgaditos -60 Kg por barba y turbante-) frente a unos 70 Kg de ex-soviético. La báscula, como la del carnicero de mi pueblo, tiene contrapeso escondido fijo. Pero fijo-fijo.
Hoy, como siempre desde el señor Sócrates, la cicuta manda.

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