Lo siento, colega…
November 18th, 2006
Que ya no eres tan especial está claro. Ya no eres ni detallista, ni tan agradable como antes. Ya no eres ese tipo excéntrico, ese tío popular a quien la peña saludaba por la calle. Ya no eres interesante, que era lo único que eras, porque guapo, la verdad, nunca lo fuíste.
O quizás, es más sencillo de lo que parece. Ella evolucionó y tú no. Ella curra, y la verdad, le va bastante bien. Y tu eres el desatre de siempre. Siempre en la luna. Siempre mirando al mundo como miran los niños a los escaparates de las jugueterías en navidad. Y se te está escapando, colega, y tú lo sabes.
Y te duele, y no lo entiendes, y ves como sus ojos van cambiando. Y ahora notas que está tensa. En otras palabras: está incómoda.
No te engañes, tío. No tiene nada que ver con ese cretino que la llama de vez en cuando. No vas a arreglar nada con ir por allí y reventarle la cabeza a hostias. Aunque se lo merezca el muy carroñero.
El problema lo lleva ella encima, y, aunque duela, entérate de una vez. Ya no es la misma. E igual tú tampoco lo eres, aunque no te des cuenta.
Y me dices que ésto te está pudriendo por dentro. Y que no lo mereces. Y yo se que tienes razón, y que si hay alguien que no merece que le hagan ésto, ese eres tú. Así que fúmate un pitillo, o lo que te apetezca fumarte y échale un par de cojones al asunto. Vete y dile que la quieres. Que es lo más bonito que te ha pasado nunca. Ella te conoce y te escuchará. Puede que las cosas no salgan como tú quieres, pero, ¿quien dijo que las cosas tenían que ser siempre bonitas? Pase lo que pase, sabrás seguir andando hacia delante, como siempre hiciste. Así que te deseo toda la suerte del mundo.
Lo siento si he sido duro. Igual esperabas un poco más de delicadeza por mi parte. La vida es así, y a mí me han venido mejor este tipo de charlas, que cejas arqueadas y caras de comprensión. Espero que a tí también te venga bien esta carta.
Un abrazo, colega!
Warning! Cultureta a babor!
November 18th, 2006
La Semana de Jazz Local es el momento idóneo para verlos en su salsa. Aplaudiendo en medio del solo de saxo, o con horribles bufandas, carentes de todo sentido de la decencia y el buen gusto, mascando cacahuetes con esquizoides movimientos mandibulares.
Supongo que el resto del año se entierran como sapos, a la espera del siguente certamen donde lucir esas enormes gafas de cuatro quintales.
Y si después se van Vds. a ver un concierto íntimista, si tienen suerte, los verán hablando en voz alta, meneando su estilo, y dando su permiso para que el bolo comience.
Señores, don Enrique está en la sala, así que ya podemos empezar…